En las lecciones 29 y 30, (páginas 32-35) del libro de texto de la enseñanza del inglés de “Quick Learning”, se aborda el tema de la homosexualidad. En la primera plana aparece una fotografía en casi una tercera parte de la página, de una persona del sexo masculino de raza oriental, sentado en una cama de un hospital y en un advertible estado de desnutrición.

La frase debajo de la foto da cuenta de por donde va el asunto: “Sexo entre hombres ha sido la ruta de transmisión de cerca del 52 % de casos de SIDA en los EUA” (sin mencionar la fuente).

Con esta frase, abre el telón el artículo, que inicia vinculando la homosexualidad, con la transmisión del virus del VIH, un asunto ya muy superado que no tiene relación alguna.

El texto, dividido en números consecutivos, refiere en el punto dos a manera de introducción, que existen dos canales concernientes a la homosexualidad: uno en el que los homosexuales demandan los mismos derechos que los heterosexuales y luchan para ser aceptados como alguien “normal”. En todo caso, utilizar el término “normal”, es de por sí, una apreciación de tipo discriminatoria, ya que alguien que pretenda ser aceptado como normal, implica que se asuma como “anormal”. La demanda, hasta donde entiendo, pretende la aceptación de su calidad de o su preferencia homosexual. El otro canal, afirma el texto, es aquél que viene de personas que “detestan” a los homosexuales.

El punto tres, es elementalmente dogmático: Inicia con la pregunta ¿Quién está bien?, como si se tratara de juzgar de forma monolítica entre buenos y malos. Esta filosofía tan básica se sigue utilizando hoy en día para crear los grandes cismas ideológicos que dividen a nuestro mundo. Tan actual como el discurso del presidente Bush, al referirse a los Estados Unidos como los “buenos” salvadores del mundo de los “malos” (mundo islámico) que quieren destruirlo. Sin el ánimo de ser irónico, el colmo se da al pretender contestar a su pregunta titular con el análisis de tres versículos (25-27) del capítulo 1 del libro del Génesis de la Biblia; sí, aquellos que dicen que Dios creó al hombre a su imagen y los creó hombre y mujer. Después de la cita, como colofón, termina el punto tres: “Está muy claro que Dios no creó tres sexos; solo creó dos totalmente diferentes y complementarios”. Lo casi chusco, no es solo utilizar como fundamento para contestar a una pregunta monolítica la Biblia, que dado su origen dogmático, no amerita debate teórico alguno, salvo un atinado y honesto ejercicio exegético, sino la conclusión a la que llegan a partir de ello.

Aún concediendo el hecho de la creación del hombre y la mujer por Dios, ello no implica necesariamente la falta de libertad de dicho hombre y mujer para decidir su preferencia sexual, así como el deber de los demás hombres y mujeres de respetar dicha decisión, siempre que no lastime a nadie y al modo más claramente cristiano.

El título del apartado cuarto reza: “La Homosexualidad es una decisión. (una mala decisión)”. Nuevamente el análisis de dicha decisión se basa en la Biblia: Romanos 1:21, 22, 24, 27, 30, 31 y 32. En una burdo intento de relacionar, totalmente fuera de contexto, lo contenido en los textos bíblicos, su análisis deriva en un texto que cuestiona si es apropiado o no tener homosexuales en nuestra sociedad y familias, como si se tratase de una decisión y de que en caso de serlo, ésta recayera en quienes no tienen una preferencia hacia el mismo sexo.

Sin embargo, el párrafo más adelante desenmascara lo hasta ahora aún confuso respecto de si se parafrasea el pensar de alguien más, o si es la postura de los autores del texto. Dice: “En estos cursos, que nos están ayudando a aumentar nuestras cualidades humanas, aprenderemos a disminuir las posibilidades de tener un hijo homosexual”. Termina el punto, dejando a la interpretación del lector lo que refiere Proverbios 13: 18, 20. “El que no escuche será pobre y desagraciado. El que escuche la corrección será respetado”; y “Mantente en compañía de los sabios y te convertirás en uno de ellos, pero si haces amistad con la gente estúpida, te irás a la ruina”.

El noveno punto previo a la conclusión del artículo, y que no dista de ella, es categórico al afirmar que “sólo el homosexual que busque la ayuda de Dios tiene una alta probabilidad (50%) de salir de ello”.

¿Quién en la época en la que vivimos, se atreve a referir que algunas personas valen más que otras? ¿Quién se atreve a restar valor a una persona, calificarla de estúpida, y desearle ruina por tener una preferencia sexual diversa a la suya? y ¿Quién se atreve a hacerlo utilizando a su antojo lo escrito en la Biblia, con una clara afrenta a la esencia del mensaje de Jesús?

Lo de menos, es la presentación de una queja ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación; lo de más, es que quien de esta manera piensa, tome conciencia y recuerde que la dignidad, con o sin creencia religiosa, es inherente al ser humano.

Gerardo Moya García.