Los Derechos Humanos empiezan el nuevo sexenio con serios tropezones

 

El pasado 1° de diciembre Enrique Peña Nieto tomó protesta como cabeza del Poder Ejecutivo Federal, por lo que jóvenes de diferentes grupos se organizaron haciendo una marcha desde la Plaza Juárez hasta la Expo Guadalajara, donde se llevaba a cabo la Feria Internacional del Libro, para expresar abiertamente su rechazo a lo que consideran la imposición de un nuevo gobierno.

Muchos de nosotros fuimos testigos ya sea por los medios de comunicación, por los vídeos en YouTube o porque conocemos personalmente a algunos de los manifestantes, de la forma en que la policía de Guadalajara intervino en la marcha: primero escoltándola a través de un control exagerado de casi una veintena de patrullas, para luego arremeter violentamente en contra de los manifestantes.

La convocatoria a la manifestación fue pacífica, y la gran mayoría de las y los jóvenes expresaban su repudio al gobierno entrante con consignas verbales, con frases creativas y en pleno derecho de su libertad de expresión. Desafortunadamente hubo algunos, que con la cara cubierta se expresaron violentamente, aventando piedras, causando daños a los edificios del PRI en Jalisco y de Televisa, y agrediendo a los policías en las inmediaciones de la Expo. Sin embargo, la policía no hizo nada para detenerlos en su momento, y fue hasta que se encendieron los ánimos que arremetieron contra cuanto joven se encontraron en su camino.

Varios de los jóvenes al percibir las agresiones, decidieron seguir su manifestación tomándose de las manos y sentándose en el piso, como una muestra clara de que la intención fundacional de la marcha era pacífica, y que pretendían expresar su rechazo y su enojo, sin violencia. Poco importó a la policía esta muestra de no agresión, ya que los golpearon indiscriminadamente.

Es preocupante e indignante ver cómo las autoridades son incapaces de actuar de manera eficiente y que los provocadores no hayan sido detenidos en su momento, sino que por el contrario, fueran agredidos y detenidos aquellos que nada tuvieron que ver con los daños materiales y con la violencia. Más preocupante es aún observar imágenes que evidencian una violencia de género desmedida de policías golpeando con las macanas a jóvenes mujeres, agrediéndolas física y verbalmente.

Terrible ha sido también el papel de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco, quien no sólo no supo ponerse de lado de los ciudadanos víctimas de la agresión policial, sino que además emitió medidas cautelares contra la Procuraduría y la Secretaría de Seguridad, en una contradicción ridícula siendo que fue la Policía de Guadalajara la que violó los derechos humanos de las personas que de manera pacífica expresaban su inconformidad y su rechazo al nuevo gobierno.

La mayoría de las detenciones fueron ilegales, y el uso desproporcional de la fuerza pública son signo claro de represión al derecho ciudadano de expresarse y manifestarse libremente.

Indigna también la evidente violencia de género que se suscitó ese día por parte de las autoridades: mujeres jóvenes siendo golpeadas brutalmente, agredidas con vejaciones, manoseadas y violentadas con lenguaje sexista.

No podemos aceptar que se equipare a quien protesta con un delincuente. Es cierto que hubo algunos jóvenes que actuaron violentamente y destruyeron patrimonio ajeno. Se les debió sin duda haber detenido en su momento, tomando en cuenta los protocolos de acción correspondientes a este tipo de situación.

Cómo leer este mensaje de represión de las nuevas autoridades sino como un desconocimiento al derecho constitucional que tenemos todas las personas a manifestarnos y protestar ante cualquier situación que consideremos lo merece, sin que por ello se nos considere criminales. Qué hacer con una policía municipal que desconoce totalmente el protocolo legal para la detención de personas. Y qué decir de la incapacidad y complicidad de la CEDHJ en los eventos ocurridos el pasado 1° de diciembre. En qué momento podremos transitar hacia un gobierno que de verdad entienda lo que es cumplir con el estado de derecho.

 
                                                                                                                                                  Paola Lazo Corvera

                                                                                                                                                        Diciembre 2012