Cuando las creencias sostienen la desigualdad…


Por Paola Lazo Corvera,
Asambleísta del CEPAD AC


El pasado 22 de enero un grupo de madres y padres de familia de la Secundaria 4 Mixta, apoyados por el director de la escuela, presentaron una queja ante la Secretaría de Educación Jalisco, para expresar su desacuerdo e inconformidad por el hecho de que Andrea Carolina Márquez González impartiera clases a sus hijos, apelando a que el tener un maestro transgénero (a quien debieran referirse como maestra, ya que ella se asume como mujer de género), acudiendo a la escuela vestido de mujer, podría afectar la integridad psicológica y emocional de sus hijos e hijas.

Ante la queja, las autoridades de la Secretaría de Educación decidieron que la mejor manera de atender una situación de evidente discriminación, era a través de una Sesión de Mediación entre ambas partes: los padres y madres, y la maestra Andrea Carolina. Es de sorprender la tibieza de la propia Secretaria, así como de la CEDHJ, para poner un ejemplo contundente de defensa y protección hacia quien está viendo vulnerados sus derechos a razón de creencias, prejuicios y estereotipos que lo único que promueven es la desigualdad.

Desde un enfoque de derechos, las autoridades debieron señalar cómo es que el reclamo de los padres y madres era contrario a la propia Constitución (Art. 1º), al ser discriminatorio hacia la maestra, y contradictorio también hacia los principios promovidos en los Planes y Programas de Educación Básica, que respaldan la inclusión, la aceptación y la no discriminación, así como del Art. 15 de la Ley Federal para Prevenir y Erradicar la Discriminación en México. Una vez hecho el señalamiento y habiendo frenado una posible cruzada en contra de la maestra, las autoridades podrían entonces impartir talleres de sensibilización y educación en derechos humanos a las familias y alumnos con el fin de promover una cultura de la Diversidad, desde el respeto a las diferencias y la educación para la paz (tal y como lo establecen los lineamientos de DH tanto de la SEJ como de la CEDHJ, así como la Declaración Ministerial “Prevenir con Educación”, firmada por nuestro país, y promovida por la propia SEJ).

La discriminación y la violencia basada en la orientación sexual y la identidad de género sitúa a las personas LGBT en una posición de vulnerabilidad, impidiendo el acceso a la igualdad y el pleno ejercicio de la ciudadanía (Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo, 2013).
Los argumentos de los padres de familia no sólo son antipedagógicos, sino también producto de una violencia estructural que perpetúa las relaciones desiguales, contraria a una cultura de paz y poco favorecedora de un desarrollo integral abierto, plural y libre en los muchachos y muchachas. Justifican desde sus miedos y prejuicios una supuesta violación a los derechos de los niños, niñas y adolescentes, cuando hay investigaciones que demuestran que el aprender de maestras y maestros diversos enriquece las posibilidades de socialización, aceptación y valoración de las diferencias. Estas jóvenes y muchachos resultarán beneficiados del contacto con una maestra distinta a las demás, crecerán aprendiendo que las personas pueden decidir ser cómo quieren ser, y que eso no agrede ni violenta a los demás, y que es en principio una muestra de congruencia y autenticidad. En esta etapa en que las y los jóvenes cuestionan los patrones sociales establecidos por el orden social como parte de su independencia y desarrollo de su pensamiento crítico, conocer adultos que han explorado otras formas de ser y de identificarse desde su género, les abre un panorama más amplio, acorde a sus propias inquietudes, que propicia la erradicación de la ignorancia, los estereotipos, los prejuicios y una moral basada en los usos y costumbres, que no corresponde al progreso científico y a las necesidades actuales de nuestro mundo.

Desde una visión de educación para la paz, conflictos como éste nos permiten buscar formas creativas, solidarias y respetuosas de enfrentar las diferencias; ésta será sin duda una oportunidad de reflexión y aprendizaje no sólo para la comunidad escolar de la Secundaria 4 Mixta, sino para la sociedad jalisciense en general. Esperemos que las autoridades educativas y la misma CEDHJ resuelvan desde un enfoque de derechos, que nos permita a todos re-educarnos y hacer de la inclusión una práctica cotidiana en nuestras vidas. Para lograr la paz que tanto exigimos, es necesario actuar desde la no violencia, construir espacios cotidianos de respeto, de inclusión y de aceptación, en donde todos y todas quepamos, y construir a través del diálogo, con apego a derecho, relaciones de armonía y solidaridad.