El gobierno que merecemos

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Carmen Ruíz Velasco Tapia, 
Asambleísta del CEPAD AC.


El pasado domingo, Alejandro González Iñárritu logró la hazaña de ganar el Oscar a la Mejor Película. Sin duda, es motivo de orgullo obtener el galardón en la categoría más importante, pero para quienes desde nuestro país siguieron esta ceremonia, lo importante fueron sus palabras finales.

“Ruego porque podamos encontrar y construir el gobierno que merecemos” fue el mensaje que nos dedicó en los momentos culminantes de la noche ante una audiencia estimada en 43 millones de televidentes de todo el mundo.

En su mente, como en la de muchos de nosotros, está presente la preocupación por la situación de nuestro país y la responsabilidad de los diferentes órdenes de gobierno en ella.

Identifica, al igual que la mayoría de los mexicanos, que nuestros problemas se van agravando debido a un sistema de gobierno que en vez de resolverlos, cada día se convierte en causa de ellos.

La corrupción, la impunidad, el enriquecimiento ilícito de funcionarios, el endeudamiento irresponsable de gobiernos estatales y municipales así como el conflicto de intereses, son las noticias cotidianas al igual que las relacionadas con la inseguridad y la violencia.

Ante este escenario, es triste constatar el denodado entusiasmo y enjundia por los integrantes de las diferentes fuerzas políticas por encontrar nuevos espacios dentro del sistema político sólo para generar el poder suficiente que les permita beneficiar sus intereses personales y los del grupo que representan.

Por otro lado, la ciudadanía ha pasado de la protesta en las calles a la denuncia internacional. Las voces de inconformidad son cada vez más y de mayor relevancia dentro de la escena política mundial.

Seguramente es un gran paso pero no suficiente para traspasar el blindaje de nuestro sistema de gobierno.

Estamos frente a un nuevo proceso electoral tanto a nivel federal como estatal. El 7 de junio de este año se renovará la Cámara de Diputados y se elegirán a los 500 diputados que integrarán la sexagésima tercera Legislatura. 

En Jalisco, se votará por 20 Diputados por Mayoría Relativa, 19 Diputados por Representación Proporcional que integrarán el Congreso del Estado y además 125 autoridades municipales.

Las campañas iniciarán en breve y los candidatos salen a la caza de votos de la ciudadanía ya que saben que es la condición para lograr una vida lucrativa. Pelearán por ellos con gran saña y se los arrebatarán por cualquier medio lícito e ilícito. Ya lo hemos visto. 

Sin embargo, también es la oportunidad para que la ciudadanía busque incidir en esa construcción de un nuevo gobierno. Aquí, algunas ideas:

Jalisco cuenta con organizaciones académicas, sociales, empresariales, profesionales con la suficiente capacidad de convocatoria para llamar a examen a los aspirantes a los cargos de elección popular y contrastar sus ideas y capacidades.

Es tiempo de que en lugar de abrir las puertas para oír las mismas promesas de siempre, las organizaciones llamen a cada aspirante a rendir cuentas de sus intenciones en un ejercicio serio de cuestionamientos, condicionantes y compromisos.

Otro camino consiste en aprovechar la tecnología digital y las redes sociales para construir un buró de crédito político que informe a la ciudadanía de la trayectoria de cada uno de los aspirantes. 

Nuestra clase política le apuesta a la desmemoria de los ciudadanos lo que les ha permitido seguir avanzando en la escala del éxito a pesar de escándalos, corruptelas y acciones en contra de la sociedad. 

Es tiempo de poner al alcance de todos, el expediente completo de cada uno de ellos.

Por último, no resulta ocioso pedir a los aspirantes que hagan un examen obligatorio de conocimientos sobre la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el marco legal que desde hace 98 años rige nuestro actuar cotidiano.

Aprovecho para invitar a nuestros lectores para que también dediquen 30 minutos a leer nuestra Carta Magna. Espero que, al igual que a mí, les deje un sabor mitad dulce, mitad amargo.

Amargo porque creí que estaba leyendo la Constitución de otro país muy distinto al mío.

Dulce porque arroja mucha luz y motivación para luchar por ese México posible en el que merecemos vivir.