Por Gerardo Moya García
Asambleísta del CEPAD

Imagen: Reporte Índigo
Estaba pensando sobre qué escribir…. Hay tanto que decir… Ayotzinapa; las desapariciones forzadas en Jalisco; la intervención en México de las instancias internacionales de derechos humanos; el “aumento” del salario mínimo; la situación de las mujeres; las alertas de género; los resultados electorales, la cooptación de cuadros de la sociedad civil para ocupar cargos públicos….y un largo etcétera. 
Por cierto que el refulgente aumento del salario mínimo a 70.10 pesos diarios y su homologación en toda la República mexicana, me hizo recordar el ejercicio que realicé hace poco más de un año respecto a cuánto requeriría ganar mensualmente un jefe o jefa de familia de cuatro personas para mantenerla de manera elemental pero dignamente. Mi reflexión se publicó en este espacio bajo el nombre de “Lo mínimo del salario mínimo”. Pues bien, según mi ejercicio, el monto mensual resultante implicaría que el salario mínimo fuera de alrededor de 235 pesos diarios, y cómo dije en aquél entonces, saque usted mismo las conclusiones. Y me pregunto: ¿Ya habrán quitado de los reglamentos gubernativos la relación entre el monto de las multas, con los días de salario mínimo?, si no… UFFFF. ¡Qué fiasco nos llevaremos al ver que nuestro salario aumentó al mismo nivel que las multas que tendría que pagarle al Estado por alguna infracción de orden administrativo o penal!
Pero en realidad el tema que más llamó mi atención en los medios es el de una nota titulada: “Misoginia Electoral” de Imelda García, publicada por Reporte Índigo el 29 de septiembre del año en curso. Me llamó la atención por lo que en realidad está detrás. Es un tema delicado que implica lo que llamamos “contraposición de derechos”; es decir, cuando dos o más derechos se contraponen entre sí en una situación real y concreta por la que hay que tomar partido. 
El caso es el de las mujeres que aún en contra de los “usos y costumbres” de sus comunidades de origen, ejercen ciertos derechos que según esos usos y costumbres no les corresponden (o no les deberían de corresponder). Ejemplos en el mundo hay muchos, resaltan los de la tradición conservadora islámica o hindú, pero para no ir tan lejos, les dejo la experiencia local: 
Refiere la nota que en el estado de Chiapas por primera vez, este jueves 1 de Octubre, 35 mujeres tomarán protesta como alcaldesas, lo anterior entre amenazas debido a los usos y costumbres indígenas que establecen que una mujer no puede gobernar una comunidad.
¿Qué prevalece? El respeto a los usos y costumbres de una comunidad indígena que implica el reconocimiento a su derecho a la libre determinación como pueblo con lo que ello implica, o el derecho político de la mujer a votar, ser votada, y a ejercer cargos públicos. 
Creo que desde el ámbito del derecho el tema está entrampado. Derecho individual o derecho colectivo. ¿Vale más el que sea una comunidad que el que sea una persona? ¿Puede un derecho individual ir en contra de la costumbre de una comunidad? 
Sugiero una vía de salida más allá de la contraposición de derechos. Los estudios de género, han desenmascarado que detrás de los usos y costumbres en general se encuentra enquistado en la cultura un “estado patriarcal”; es decir, una cosmovisión, asumida mas no cuestionada, en la que el hombre es superior a la mujer y que como resultado de ello, surgen una serie de roles y estereotipos a cumplir. Por dichos roles y estereotipos, discriminamos, juzgamos, sufrimos y hasta quitamos la vida de otros y otras. 
Mientras no vayamos a la causa que nos hace pensar de la manera que pensamos y la cuestionemos, no somos en realidad “libres” sino esclavos de nuestros propios pensamientos. No somos en realidad “conscientes” sino que vivimos dominados. 
La invitación hoy es a despertar, a cuestionar nuestro propio sistema de pensamiento, a ser libres.