Foto: El Informador

Sería un asunto obligado comentar en este espacio el “informe” del presidente de la CEDHJ, mediante el cual está obligado a presentar un diagnóstico de la situación de los derechos humanos en Jalisco, sus causas estructurales, así como proposiciones que las modifiquen (artículos 29 y 30 de la ley de la CEDHJ)

Dentro de las notas más relevantes se encuentra la clásica numeralia: 45786 quejas recibidas, 3 356 conciliaciones, 96% de ellas resueltas (por supuesto, tres cuartas partes mediante el archivo o la acumulación), 78 842 personas capacitadas, 3055 entrevistas que “fortalecieron la cultura de denuncia”, 6 414 notas periodísticas, 156 (recomendaciones (muchas de ellas pendientes de cumplimiento), 3017 medidas precautorias (ver video promocional)

Sin embargo algunas preguntas de fondo son: ¿la defensa de los derechos humanos se realiza solamente mediante números?; ¿estos nos indican que ha mejorado la situación de nuestras libertades?, ¿los datos son suficientes, completos y transparentes?; o en cambio sólo nos habla de la dinámica de una gestión que cada vez más termina por identificarse con los informes del Ejecutivo, con todo y promesas incumplidas.

¿Puede un funcionario como el actual Presidente de la CEDHJ hablar de el estado de nuestras libertades, cuando ha cerrado las puertas a los grupos de defensoras de los derechos humanos de las mujeres, niega tratar el tema de la diversidad sexual, evita pronunciarse por el lamentable estado de inseguridad del Estado, e incluso renunció parte de su Consejo Ciudadano que nos representa?

¿Puede hacerlo cuando fue electo en un proceso exprés y de espalda a la ciudadanía?. Queda claro que Éticamente no, pero ahí es donde se encuentra el actual vacío en esa institución que se ha convertido en una oficialía de partes, una numeralia con todo y pesos de reparación del daño, en un foro de profesionistas cuyo diálogo sólo es entendible entre ellos, en un sueldo (por cierto el más alto del país entre sus colegas del sistema público); pero no en una institución que defienda los derechos humanos, sobre todo de los más vulnerables, que escuche y consuele a las cientos de personas que acuden buscando una respuesta, apoyo, asesoría.

Basta con encontrarnos las propias imágenes contrastantes del día de ayer, ya que casi a la misma hora del informe, dos manifestaciones se llevaban a cabo en la ciudad: una de jóvenes de un colectivo ciclista, quienes fueron criminalizados por la policía municipal en pleno centro de la ciudad de Guadalajara, por colocar máscaras antigases a las efigies de nuestros jaliscienses ilustres como una manera de mostrar su exigencia a respirar un aire no contaminado. Por otro lado un grupo de defensores y defensoras protestaban en las afueras de la sede en donde el Presidente de la CEDHJ realizaba su acto de culto personal, al que desde luego se les impidió el paso por parte del propio personal de la institución, haciendo las veces de seguridad personal.

Ambos sucesos, nos dan pistas sobre cómo se encuentra el tema: sin instituciones que busquen proteger, garantizar y promover los derechos humanos, con autoridades que independientemente del color, mantienen las mismas dinámicas que detonan su violación.

Por otro lado, grupos de personas que han decidido organizarse para pasar a la acción, porque han entendido que si se cierran las puertas del poder público, siempre quedarán las personas, su exigencia y solidaridad. Entendiendo que los derechos humanos finalmente son producto de la construcción de exigencias sociales y no monopolio de instituciones públicas.

Necesitamos reencontrarnos con el otro y otra, para identificar en nosotros esa humanidad y dignidad para defenderla mutuamente, con nuestros propios recursos. Así nos lo enseñan padres de familia que sufren la muerte injusta de sus hijos o su desaparición que se cuentan por miles en Jalisco, pueblos originarios, comunidades, que buscan, encuentran, aprenden, se organizan, denuncian, se enfrentan, gritan y exigen.

Es momento de hacerlo.