Aunque hace varios meses que fue editado, el último libro de Lydia Cacho, Memorias de una infamia (Grijalbo, 2007) sigue dando de qué hablar. Todo esto a cuento de las notas que salieron la semana pasada por la presentación de este libro en el Museo de la Ciudad de México, en donde participaron Carmen Aristegui y Alicia Pérez Duarte y Noroña, otras dos mujeres que también han trabajado intensamente por la defensa de los derechos humanos en distintos derroteros y que paradójicamente han visto truncados sus espacios laborales en los últimos meses, una alejada de los micrófonos y la otra del Sistema de Justicia mexicano. Así pues, tres mujeres en la palestra pública, en medio de un trabajo de reivindicación de derechos.

Este pequeño artículo quisiéramos dedicarlo a comentar las Memorias de una infamia, pues en ellas se relatan las vicisitudes que Lydia Cacho ha tenido que vivir para enfrentar al poder público a raíz de sus denuncias en contra de una red de pederastas, que al parecer tiene dimensiones globales. Es el caso de una mujer y sus abogados, en contra de aparatos de Estado tales como un gobernador precioso, dos empresarios corruptos y una Suprema Corte de Justicia pusilánime. Pero también es el caso de toda una serie de mujeres, y particularmente niñas, vejadas, maltratadas, violadas y que han sido escuchadas y atendidas por pocos. Está de más volver a repetir las infamias del caso, que en sus conceptos principales refiere a la explotación y la pornografía infantil, algo que me parece, es incuestionablemente condenable.

Leer este libro puede ayudar a entender otros contextos, como el jalisciense, en donde sabemos, también hay realidades similares, tal vez con dimensiones distintas. Pero sabemos de un Procurador General de Justicia señalado por una niña de ser partícipe de actos de corrupción de menores y de no asegurar un correcto funcionamiento de los aparatos de justicia.

Concluye Cacho en la introducción de su libro: “Me atrevo a parafrasearlo [a Ryszard Kapuscinski] y decir: México es un cementerio de gente que no logró cruzar la frontera por defender la verdad, esa verdad que creímos que eventualmente nos liberará del ignominioso poder de un puñado de dueños del Estado corrupto. Con este libro, que pongo en sus manos, cruzo la frontera con mis recursos: la verdad, la palabra y la prueba”.

Nota y agenda: Junto con este libro, Memorias de una infamia, viene en un dvd, que contiene un documental titulado Los demonios del Edén, de la realizadora Alejandra Islas. Precisamente este documental se exhibirá el próximo sábado 23 de febrero a las 20:00 horas dentro de la Muestra de Mujeres en el Cine y la TV. Asistan, apoyemos la producción cinematográfica local. Más informes: http://mujerescineytelevision.blogspot.com/