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En el cruce de las avenidas Juárez y Enrique Díaz de León.

El sábado en punto de las once de la mañana, llegó una camioneta roja escoltada por una segunda con los logotipos del Ayuntamiento de Guadalajara. En la primera, se transportaba el memorial de Néstor Alan, que había permanecido casi cuatro meses en una oficina del Ayuntamiento responsable de las obras de avenida Juárez.

Puntuales a la cita, se encontraban Néstor y Monica, padres de Néstor Alán quienes traían consigo floreros adornados con noche buenas y dos angelitos que cuidarían del memorial.

Entre cuatro trabajadores de la obra colocaron con mucho esfuerzo el monumento, lo cual provocaba la reflexión sobre el peso real de la impunidad, sobre todo ahora en que el fantasma de la “justicia por propia mano” recorre el país.

Con cuidados extremos limpiaron y cimentaron la cruz, parecía por el silencio y respeto que se respiraba que se trataba de un familiar cercano de todos los que presenciábamos el momento.

Realizado el trabajo, la autoridad municipal mencionó que estaría al pendiente de la colocación del jardín. De esa forma se reinstalaría la cruz de Néstor Alán que expresa la demanda permanente de justicia y de conocer lo que ocurrió.

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