Imágen: proyecto diez

Jorge Narro, CEPAD

Hace poco más de un año un periódico local publicó los resultados de una encuesta nacional sobre el voto de los jóvenes y, en particular, de los jóvenes universitarios. Mientras que en las elecciones de 2006 para Presidente de la República sólo 14% de ellos había sufragado a favor del PRI, la intención de voto para 2012 alcanzaba 55%. El PAN, por su parte, descendía de 43% en 2006 a 18% para 2012. Y el PRD transitaba de 38% a 24%. 
Un año después, el  19 de mayo, 46 mil estudiantes universitarios tomaron diversas calles de la Ciudad de México. Simultáneamente, 3 mil marcharon en Guadalajara, 1500 en Puebla, 700 en Monterrey, 500 en Pachuca y en Xalapa, etc., etc. Nacía el movimiento “#Yo soy 132”. 
El día 23, sólo en Guadalajara, 800 regresaron a la calle. El 2 de junio un número similar se congregó en el Parque Revolución para organizar su trabajo en la ciudad. El 10, día de los debates entre los candidatos a la Presidencia y a la Gubernatura de Jalisco, 4 mil caminaron desde el que llaman “Parque Rojo” hasta el de Las Estrellas, a doscientos metros de la Expo Guadalajara. 
¿Qué reclaman esos chavos, muchos de ellos alumnos de costosas universidades privadas y siempre calificados como apáticos, sin más interés que los antros y la apariencia física? 
Centralmente, el respeto al derecho de información. 
Que Televisa y TV Azteca (pero también Milenio y la Organización Editorial Mexicana, OEM) ofrezcan información completa sobre todos los candidatos y campañas. Información para poder emitir un voto –dicen los estudiantes- “informado y razonado”. Un voto que no puede ser informado y razonado cuando la oferta televisiva –de la que más de 80 por ciento de los mexicanos depende para enterarse de lo que ocurre a su alrededor- está concentrada en dos empresas; es decir: cuando no hay pluralidad de información, de enfoques, de intereses. Incluso de simpatías partidistas. 
¿Qué activó a estos jóvenesEl episodio del 11 de mayo en la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México. O, mejor dicho, la cobertura que las televisoras hicieron del rechazo que la mayor parte de los alumnos de esa institución manifestó hacia Enrique Peña NietoTelevisa y TV Azteca no sólo intentaron disfrazarlo, sino que prestaron sus pantallas para que se tachara a los estudiantes de “porros”, “acarreados” y “lopezobradoristas”. 
El problema central no consiste en que las televisoras simpaticen con el PRI y su candidato, sino que no existan otras voces –del mismo peso, con la misma cobertura- que simpaticen con otros. El problema es que la televisión mexicana no es plural como la sociedad. El problema es que la inmensa mayor parte de los medios se concentra en pocas, en muy pocas manos. Y casi todas partidarias del mismo candidato: en esta ocasión Enrique Peña.