Felipe Vicencio

 

“Me preocupa la presencia de cierto sector del panismo en espacios de dirigencia y de decisión y que, en ocasiones, da la impresión de operar en función de sus propios y particulares intereses y no los del partido”, decía Felipe Vicencio Álvarez en una entrevista a Análisis Plural -revista del ITESO- a fines de 2004.

 

En aquel momento los casos de corrupción (ejemplificados –y va sólo un caso- por el dos veces diputado local Alfredo Argüelles, quien renta por una bicoca la mansión en que vive, y encima lo hace a una persona inexistente) no se habían vuelto escándalo y no le habían costado al PAN –junto con otras razones- una derrota tan contundente y vergonzosa como la del 1 de julio.

 

No se habían vuelto escándalo pero ya le dolían, y mucho, a Vicencio. Dice en la misma entrevista: “(…) los panistas no hemos resuelto satisfactoriamente el dilema de ser gobierno. La política real es algo muy diferente a los discursos que se pronunciaban desde la oposición. Entonces se tenía autoridad moral; ahora que se es gobierno también hay desgaste, corrupción, ineficiencia y mentira. Aquel discurso de ‘cuando nosotros lleguemos (al poder), lo haremos diferente’, no siempre lo hemos podido refrendar en los hechos”.

 

“(Me encuentro) con sentimientos encontrados: me sé parte de una familia y eso me hace sentir orgulloso, pero tengo la suficiente claridad como para identificar sus contradicciones, sus miserias… y eso no me hace sentir a gusto”.

 

Felipe Vicencio fue director ejecutivo de la Asociación de Municipios de Jalisco, luego ganó una diputación de mayoría en el Congreso federal (por el distrito VI, con cabecera en Zapopan), después fue senador por Jalisco y, finalmente, delegado de la Secretaría de Desarrollo Social en nuestra entidad.

 

Brillante, firme sin dejar de ser gentil, sobriamente cordial, impresionaba por el peso de sus convicciones. Quería a Acción Nacional (era realmente parte de su familia… Su padre, Abel Vicencio, fue dos veces secretario general del partido, cuatro veces diputado federal y en dos de ellas coordinador de la bancada; su madre, María Elena Álvarez, ha sido cuatro veces diputada federal y senadora en una ocasión); quería –digo- al PAN, pero eso no le impedía ver “sus contradicciones, sus miserias…”. Y eso no lo hacía “sentir a gusto”.

 

En la misma entrevista a Análisis Pluraldice Vicencio: “Sueño con un partido que se comprometa con un ejercicio ético de la política, cuyos dirigentes no hagan razonamientos mezquinos de pragmatismo político. Es triste escuchar a algunos referirse a nuestros principios como algo muy bonito, pero innecesario para mantenerse en el poder”.

 

Murió recién el 12 de octubre, a los 52 años. Es inevitable preguntarse si queda alguien como él en Acción Nacional (y en el PRI y en el PRD y en los otros partidos). Si la política es compatible con principios morales o, como afirma el mil veces citado Maquiavelo y dan testimonio diario nuestros políticos, son asuntos que se repelen mutuamente. Felipe Vicencio Álvarez vivió con pasión la política, pero una pasión alimentada por sus convicciones morales. Y fue –seguramente por ello- un destacado legislador: miembro en San Lázaro de la Comisión de Concordia y Pacificación para Chiapas, impulsor en la Cámara Alta de los esfuerzos contra la Ley Televisa y de una nueva y democrática Ley Federal de Radio y Televisión.

 

Desde aquí nuestras condolencias a su familia y a México.