Mtro. Jorge Narro, integrante del CEPAD AC
Comentario editorial para Radio Universidad Puerto Vallarta, 11 de diciembre de 2013

Es una verdad de Perogrullo afirmar que el desinterés hacia los asuntos públicos, de parte de los ciudadanos, es el mejor caldo de cultivo para el autoritarismo, la corrupción y la impunidad. Sin nuestra desconfianza y apatía respecto de la política, difícilmente Aristóteles Sandoval despilfarraría el dinero de todos haciéndose publicidad, o Emilio González Márquez habría administrado tan torcidamente los dineros para los Juegos Panamericanos, o las últimas –pero no únicas- legislaturas en el Congreso del estado habrían saqueado al erario tan sistemáticamente como lo han hecho.

Y desinterés e inacción respecto de lo que ocurre más allá de los muros del hogar, junto con una severa desconfianza hacia los demás, es lo que muestra la quinta y más reciente Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP), levantada en agosto del 2012 y publicada meses después.

Empecemos con el tema del interés.

Lo primero que dice la Encuesta es que casi ocho de cada diez mexicanos se informa de la política a través de la televisión (sólo 5% a través de los periódicos).

En segundo lugar, a la pregunta de “¿Qué tan interesado está Usted en la política?”, casi 84% responde “poco” o “nada”. No es extraño entonces que cuatro de cada diez digan que cuando “está conversando con algunas personas y éstas empiezan a hablar de política… usualmente escucha, pero nunca participa”.

¿Por qué el desinterés? Quizás, entre otras razones, por la enorme desconfianza no sólo hacia los políticos sino, en general, hacia toda la población. Y la política es, por definición, interacción con los otros…

Casi 78% de los entrevistados respondió que “la mayoría de la gente sólo se preocupa por sí misma”. Pero no sólo: 70% dijo que no “se puede confiar en la mayoría de las personas” tal vez porque “si uno no se cuida a sí mismo la gente se aprovechará” (53.7% está convencido de ello).

Así las cosas algo tan preocupante como la inacción, la apatía, el individualismo, no sorprenden en absoluto.

¿Qué tan interesado está usted en los problemas de su comunidad? “Poco”, responde 56.6%. ¡Prácticamente dos de cada tres! Por eso casi 70% responde que no ha participado nunca “como voluntario en alguna actividad a beneficio de la comunidad”.

Y siguen las preguntas: ¿Alguna vez ha participado en actos de apoyo a alguna causa? “No”, dice 8 de cada 10. ¡Actos de apoyo a “alguna” causa, la que sea! ¡NO! insisten también ocho de cada diez. (Y) ¿alguna vez ha tratado de organizarse con otras personas afectadas? La respuesta es obvia: “No”, dicen dos tercios. Imagino que por aquello de que la esperanza muere al último, el encuestador sigue preguntando: Durante el último año, ¿asistió a alguna reunión de (…) agrupación u organización de ciudadanos? ¡NO!, subraya 86% de los interrogados. ¿Y a una asamblea de su comunidad? ¡NO!, reitera 73%

(Pero por lo menos) “¿ha tratado (alguna vez) de mandar cartas a un periódico (…) para resolver un problema que afecta a usted y a otras personas? No, dicen 9 de cada 10. ¿(Y) ha tratado de quejarse ante las autoridades? No, 7 de cada 10. ¿(Y) alguna vez ha tratado de pedir apoyo a alguna asociación civil? No, 8 de cada 10. (Y) ¿alguna vez ha tratado de asistir a manifestaciones? No, 9 de cada 10. ¿(Y) ¿alguna vez ha tratado de llamar a un programa de radio o televisión? No, 92%. ¿(Y) alguna vez ha tratado de firmar cartas de apoyo? No, 8 de cada 10. ¡No, no y no!

¡Con razón! Si no nos interesan los asuntos comunes -los públicos-, por desconfianza hacia los demás o por simple indiferencia, y eso se traduce en quedarnos cruzados de brazos mientras el mundo rueda y el país se deshace en pedazos, ¿cómo esperar que nuestros políticos, nuestros dirigentes sindicales y nuestros grandes empresarios (por supuesto con contadísimas excepciones) no actúen como lobos en medio de un desamparado rebaño?