Gerardo Moya García es miembro de la Asamblea del CEPAD AC

El pasado 27 de Noviembre del 2014, el Presidente de la República dio un mensaje a la Nación, en el que presentó 10 puntos para cambiar a México.

El Estado Mexicano está a prueba.  Así lo dicen las múltiples manifestaciones de hastío público en México y en el extranjero, pero por dónde iniciar, qué le toca hacer por ejemplo a las entidades federativas.

Las 10 propuestas del Presidente, algunas ya presentadas tiempo atrás, no arrojarán el éxito deseado, mientas no se toque la “estructura” que mantiene al sistema político como está. De poco sirve enviar iniciativas de Leyes Generales sobre tortura o desaparición forzada; si las actuales, por ejemplo la de Tortura en Jalisco, no se aplica (no se acepta, no se investiga, no se sanciona, no se repara). De poco sirve que existan protocolos de actuación de los cuerpos policiales apegados a las mejores prácticas internacionales, si se quedan en el papel, si se sigue sin respetar el derecho a la libre manifestación de ideas, al libre tránsito.

Las manifestaciones públicas, son el pulso del descontento social con un sistema de impunidad, de pobreza, de inseguridad que debe ser “escuchado”, no reprimido.
La impunidad, está en todos lados (feminicidios, desapariciones forzadas, tortura)  pero sobre todo en las estructuras políticas y empresariales que sostienen al crimen organizado o que forman parte de él; en sus negocios, en sus inversiones; eso también hay que transparentarlo.  

La ley en todas partes del mundo es cambiante, perfectible, pero en México el mayor problema no es su atraso, sino su falta de aplicación, y de aplicación imparcial.

Mientras no se combatan las causas estructurales que mantienen a más de la mitad de la población en la pobreza, sin tener acceso a una vida digna; mientras el salario mínimo siga como está y no hayan fuentes de empleo suficientes y bien remuneradas; mientras sigamos sin aplicar la ley y transparentando a la sociedad información veraz; el descontento irá en aumento.
Nos corresponde a todas y todos ser creativos para implementar medidas en las que nos involucremos como sociedad, no la sociedad complaciente, sino la crítica, y dirigir el barco a un puerto más justo para todos y todas.      

La evaluación finalmente, se hará por los hechos, no por las propuestas.