Aseguran que además de techo y comida, los menores en esta situación necesitan cariño y respeto.

Rebeca Herrejón

Guadalajara, México (28 abril 2008).- Por su perseverancia, el Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados (MAMA, A.C.) es la referencia social e institucional más importante de Jalisco en el trabajo con menores.

Hasta 2006, MAMA, A.C. había trabajado con dos mil 548 niños, de los cuales mil 406 pudieron ser reintegrados a sus hogares y 283 fueron liberados de una adicción severa a algún estupefaciente.

Rogelio Padilla Díaz, fundador y director de la asociación, tiene claro que el tratamiento médico es importante, pero lo fundamental para rescatar a los niños está en el respeto y en proporcionarles afecto.

Según Padilla Díaz, las dinámicas de relación y convivencia de los niños en esta condición han cambiado notablemente, pues antes no había tantas niñas viviendo en la calle, nacimientos en esta situación y los problemas de prostitución infantil o consumo de drogas, como marihuana y cocaína, entre otras, no eran tan comunes.

Sin embargo, en los últimos dos años, la edad en que los niños se incorporan a la dinámica callejera es menor y estos problemas son cada vez más frecuentes.

Para atender a estos pequeños y brindarles una oportunidad de vida, la institución invierte cerca de 17 mil 753 pesos al año, que se consiguen a través de donativos y, aunque no es el recurso más óptimo, permite progresar en el programa de rehabilitación, explicó Padilla Díaz.

En Guadalajara, sólo hay cinco asociaciones civiles que se dedican a tratar a niños en situación de calle, entre todas éstas, de acuerdo a información del Instituto Jalisciense de Asistencia Social (IJAS), se atiende a unos 783 menores.

Involucrar a la familia también juega un papel fundamental, señalaron expertos de la Universidad de Guadalajara.

Adicciones expulsan a menores

Para Ana María Anguiano Molina, investigadora del departamento de Trabajo Social de la UdeG, los niños que viven en las calles salen expulsados de sus núcleos familiares por problemas familiares, muchas veces relacionados con el consumo de alcohol y otras substancias.

“Más del 75 por ciento de las familias estudiadas tenían un miembro con problemas de alcoholismo o drogadicción”, dijo.

Los niños encuentran en las calles la libertad que no poseen en sus casas, aunado a ingresos mayores, de entre 200 y 245 pesos por día, con cuatro horas de “trabajo”, pues las personas les otorgan dádivas e incluso con mejor alimentación que en sus hogares, coincidieron los expertos.

Sin embargo, la “libertad” de la que gozan en calles y banquetas se merma, pues según datos de una investigación realizada en 2006 por Anguiano Molina, de cada 10 niños que viven en la calle, seis tienen algún tipo de adicción a un estupefaciente, en especial la marihuana, cocaína y thinner.

Además, para ganarse un sitio y descansar, los niños deben congregarse en grupos muchas veces “apadrinados” por personajes externos, en su mayoría adultos, que les piden dinero a cambio de refugio, comida o drogas.

Piden no dar dinero

Una de las formas de ayudar a los niños de la calle es proporcionar los donativos a las instituciones que se encargan de atenderlos y así evitar que continúen en esa situación por obtener los ingresos que les dan las limosnas, indicó Ana María Anguiano Molina, investigadora de la Universidad de Guadalajara.

De acuerdo con un estudio realizado en 2003, rehabilitar a un niño de la calle costaba alrededor de 70 mil pesos y el tratamiento debía durar cuando menos un año y dos meses.

“El niño no solamente necesita que lo metas a una institución, necesita un médico, un sicólogo, trabajador social, siquiatra, médico, ludoterapia para ocupar su tiempo, necesita desintoxicarse para reincorporarlo. Regresarlo a casa es peor, porque no existen las condiciones y vuelven a ser expulsados”, explicó.