Tomado del blog reundisex.blogspot.com (Red Universitaria de la Diversidad sexual)

El día de ayer celebramos el Día Internacional contra la Homofobia, aunque en el resto del país lo mencionamos como Día Nacional por la tolerancia y el respeto de las preferencias, simplemente porque así se decretó de forma limitada.

Independientemente de la nomenclatura del día, tiene que ser útil para recordarnos lo importante que es la diversidad en nuestros tiempos, pero también para oponernos a todo aquello que no la favorezca, la limite, obstaculice o intente sancionar; incluso en el caso extremo eliminar a personas concretas.

Esto lo digo a propósito de la marcha realizada el 15 de mayo en Guadalajara, en la que cientos de personas pertenecientes a grupos religiosos o conservadores como quieran llamarle, solicitaron públicamente que se echara para atrás la reciente reforma constitucional en materia de derechos humanos, en la que por cierto se prohíbe expresamente la discriminación por el ejercicio de alguna preferencia sexual.

Queda claro que nadie podemos estar en contra de un ejercicio de libertad de expresión, pero sí de ideas cuyo fundamento es la desinformación: por ejemplo se ha mencionado que con estas modificaciones se propiciarán aberraciones sexuales, cuando en realidad se olvida la existencia de una serie de libertades relacionadas con nuestros derechos sexuales y reproductivos, ya considerados afortunadamente en cada vez más leyes.

En el fondo se trata de una peligrosa reactualización de ideas ya superadas hace siglos, lo que curiosamente coincide con la reciente Encuesta Nacional sobre Discriminación 2010, en la que se menciona que cuatro de cada diez personas no permitirían que en su casa vivieran personas homosexuales. Además tres de cada diez consideran que se justifica mucho, algo y poco oponerse a que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio.

Lo más lamentable es que la falta de una cultura de la diversidad e inclusión, llega hasta el plano político. Sino como explicar que en la ciudad de México se reconozcan libertades fundamentales a personas gays, lesbianas y transgénero entre otros, mientras que en estados como el nuestro, se les destierra de la ley, se les culpa moralmente y hasta desde las sedes del poder se declaran con “asco” por sus preferencias, como en el caso de Emilio González Márquez.

Un gobierno que omite su papel de garante de la diversidad, es uno que indudablemente no es democrático, ni mucho menos incluyente, aunque lo intenten a través de discursos basados en una falsa y dictadora “tolerancia”.

Lo importante es saber que el Estado está obligado a garantizar los derechos de la comunidad LGBT, lo que implica respetar, hacer visibles, crear herramientas jurídicas o administrativas que permitan construir diques en contra de la homofobia y la discriminación. Aún más, es indispensable que propicie un entorno favorable al cumplimiento de los derechos que en este caso ha estado totalmente ausente.

Sino como explicar las consignas de los marchantes, sin una respuesta por parte de alguna autoridad, ya no se diga la Comisión que supuestamente está encargada de “promover y defender los derechos humanos”.

Con ello queda claro que la homofobia lo que busca es invisibilizar y con ello eliminarnos poco a poco a todos los que somos diferentes.

Antes de concluir, valga esta intervención para exigir el esclarecimiento de los crímenes contra Barbara Lezama ocurrido en Cholula, Puebla, y del defensor Quetzalcoatl Leija Herrera, privado de la vida en Chilpancigo, Guerrero, ambos ¡ No debieron morir !, ¡ no más indiferencia y discriminación !