Juan S. Larrosa-Fuentes, integrante del CEPAD AC
22 de julio de 2014

En días recientes regresaron a la agenda mediática las críticas a la Comisión Estatal de Derechos Humanos. En esta ocasión las críticas se enfocaron a los despilfarros económicos que el presidente de la comisión lleva a cabo en comidas y banquetes, gracias a la publicación de sendas investigaciones periodísticas de Reporte Índigo y El Informador en las que documentan el trabajo del ombudsman local a favor de la defensa del derecho a la alimentación de la clase política jalisciense. Sin embargo, las críticas a la comisión no se agotan ahí. Por donde se le vea, el trabajo de esta institución es indefendible. En meses recientes han ocurrido intensos debates en torno a la discriminación o la seguridad pública y la comisión ha brillado por su ineficiencia, por su falta de interés, por su falta de sensibilidad o por su supina ignorancia.
Volver a hablar de la comisión puede resultar cansón, especialmente porque ya se ha documentado a través de diversas investigaciones periodísticas y académicas la ineficacia de la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Tan solo el CEPAD ha documentado las inconsistencias en el proceso de elección del ombudsman, su falta de trabajo e interés en temas tan importantes como el de la tortura o la discriminación, su indolencia ante las realidades ambientales o indígenas, o sus deficiencias en el trabajo general de resolución de quejas y elaboración de recomendaciones. Sin embargo, aunque resulte repetitivo, sigue siendo relevante señalar críticamente que la Comisión Estatal de Derechos Humanos no sirve, no funciona. Finalmente es una institución que utiliza recursos públicos y que debe un elemental proceso de transparencia, pero especialmente de rendición de cuentas.
No obstante, los problemas de la CEDHJ no responden exclusivamente a su diseño institucional. El trabajo del presidente de la comisión ha sido terrible. Es importante no olvidar los siguientes datos. Felipe de Jesús Álvarez Cibrián llegó a la presidencia de la comisión con muy poca experiencia académica y práctica en el campo de los derechos humanos. Llegó cuestionado al puesto, tanto así que en las dos ocasiones que ha rendido protesta ante el Congreso, diversas organizaciones civiles y ciudadanos se han manifestado en su contra. Tiene diversas acusaciones por su manejo autoritario del Consejo Ciudadano. Y ahora vuelve a ser cuestionado por el manejo discrecional del presupuesto para pagar comidas a funcionarios públicos, tal como si fuera un jeque.
La megalomanía de Álvarez Cibrián, así como la falta de capacitación e interés en torno al tema de los derechos humanos no nada más se observan en el ejemplo gastronómico, también se pueden encontrar en otros ejemplos, como la página web de la comisión. Basta hacer un simple análisis visual para ver que en todas las fotografías que se despliegan en la página principal aparece la imagen del presidente, siempre vestido con trajes y rodeado por personas que le saludan, sonríen o arropan.  Su nombre, Álvarez Cibrián, es el único escrito página principal. Para rematar, debajo de sus fotos, está el icono de un hombre trajeado, que evidentemente es él, con un papel enrollado en su mano derecha. Debajo del icono y en mayúsculas, aparece un rótulo que dice “EL DEFENSOR DE LOS DERECHOS HUMANOS DE JALISCO”. El icono enlaza a una página que comienza con una fotografía de Álvarez Cibrián en un plano contrapicado, un plano que sirve para denotar poder y control. Después viene una descripción de su credenciales académicas y una serie de vagos e indocumentados elogios como “ha cursado más de cien programas académicos” o que es el “único jalisciense que ha presidido el Comité Directivo de la Federación Mexicana de Organismos Públicos de Derechos Humanos que afilia a todos los ombudsman del país”. Las imágenes de la página web hablan por sí solas.
El resto de la página web es similar y gira en torno a la figura de Álvarez Cibrián. Los ciudadanos jalisciense no encontrarán una página útil y que les dé un servicio. Tampoco encontrarán cuáles son los planes y acciones del presidente para la defensa de los derechos humanos de la jaliscienses. Mucho menos encontrarán documentos críticos sobre la administración pública estatal, la actuación de funcionarios públicos, o sobre los contenidos de leyes que violen los derechos humanos, que no los tutelen, o que les falte un proceso de armonización. Los ciudadanos encontrarán una página que, acorde con los tiempos políticos, garantiza el derecho a la buena imagen de los políticos. Lo anterior no es tan grave, pues estamos hablando de una página web. El problema es que esta página es parte de una realidad más amplia en la que existe un manejo autoritario, patrimonialista y oficialista de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

A casi veinte años de la creación de la CEDHJ es evidente que hace falta una evaluación crítica de esta organización y que esta evaluación sea la base para un rediseño institucional que prevea, entre otras cosas, los mecanismos que eviten la proliferación de funcionarios públicos como Álvarez Cibrián y que abran las puertas al trabajo por la defensa de los derechos humanos. De lo contrario, lo mejor será que la comisión se convierta en un restaurante de lujo al que solamente puedan acudir políticos jaliscienses.